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Controlando el Estrecho desde Barbate

En Salvamento marítimo vivo mi sueño. Este trabajo se vive o no se vive. Y yo lo vivo”

Maite Cabrerizo / Lucía Pérez (Tratamiento fotográfico)

Hay personas que pasan toda su vida persiguiendo un sueño que nunca alcanzan. Otros, como José María Caballero, patrón de la Salvamar Gadir, vive inmerso en él. Desde 2010, desde que entró a formar parte de Salvamento Marítimo. Desde que decidió de joven que quería trabajar ayudando a los demás. “El sueño me persigue a mí”, sonríe este tarifeño de 53 años que lo ha visto todo en la mar. Lo que se cuenta y lo que no se puede contar. Lo que ahora por desgracia vemos cada día, y que antes, allá por los inicios de los 90, era algo inimaginable. Y como todo lo nuevo asustaba. “¡La llegada de pateras!”, dice recordando aquellos barcos cargados de personas. Muchos, murmura, no llegaban a tierra firme.

Caballero tiene dos fechas de nacimiento, la que recoge el registro civil y una segunda, el 28 de agosto de 1992. Fue aquel viernes cuando este hombre de campo (sus padres tenían un cortijo con animales y lo más que hacía era pescar con el que entonces era aún su futuro suegro) se dio de bruces con la realidad que hoy es su día a día. El rescate de hasta 14 pateras juntas, con medio centenar de personas cada una. Caras de miedo, cuerpos aferrados a una balsa que se hundía, gritos de socorro… Ese día, en esa inmensidad donde vida y muerte se dan la mano, donde todo pasa en cuestión de milésimas de segundos, supo que ya no había camino de vuelta. “Este trabajo nunca te deja indiferente”, dice Caballero.

Antes de Salvamento, hizo sus primeros pinitos de voluntariado en Cruz Roja. Llegó a trabajar de chófer de ambulancia, pero aquello se le quedaba pequeño. Necesitaba más porque creía que podía dar más. Y, por suerte, para todos los que han pasado por su lado (familia, amigos compañeros, aquellos que hoy por su rápida actuación y su generosidad viven una segunda vida), dio y sigue dando todo lo que tiene por y para el mar.

Son muchas las actuaciones, las emergencias, los bañistas en apuros, pero si algo ha forjado su persona es la inmigración irregular. Es imposible encontrar en el DRAE una palabra que le defina, pero la más acertada es, sin duda, entrega. Harían falta muchas palabras para aproximarse a lo que este patrón de Salvamento Marítimo ha vivido, pero  basta con una: entrega. Por las vidas rescatadas, por los que no pudieron llegar, por el llanto de esos niños que no tienen culpa de nada. Ahí surgen más recuerdos. Dice emocionado pensando en aquella imagen de los pequeños arropados con sus mantas y tendidos en el puente.

Pero no siempre hay un final feliz, porque esto no es un cuento de ciencia ficción, sino una realidad que Caballero vive cada día. A decir verdad, todo era doloroso porque llegar a tierra tampoco era el paraíso. Los patrones les dejaban a escasos metros del mar para no ser interceptados por la policía. Eran unos pocos metros a nado, pero lo suficientemente profundos para no alcanzar la orilla. “No sabían nadar, en su vida habían visto el mar. Era tremendo pensar en un viaje tan largo para quedarse a un palmo de la tierra soñada”.

Caballero es todo un estudioso del fenómeno de las migraciones. Una voz autorizada para explicar cómo ha ido evolucionando este mundo. “Siguen viniendo, pero son pequeños grupos y llegan muy preparados. Saben nadar, viene con chalecos, con móvil”.

Recuerdos para toda la vida

Su vida ha sido una de cal y muchas de arena. La cal, los niños vivos; la sonrisa de los que estaban a salvo; la de arena, cuando ya era demasiado tarde. Como aquella ocasión en el que el mar estaba muy revuelto, temporal de vientos y olas de hasta 4 metros de altura. La tormenta perfecta para complicar el rescate. Fueron en busca de una patera, pero había otras dos y les avisaron que había una cuarta. Era tarde. Se había dado la vuelta. “Estaba al lado, pero no pudimos hacer nada”, rememora. De repente, cuando daban todo por perdido, vieron una pareja abrazados que aguantaban a flote. Entre ellos arropaban a una niña de 4 años. ¡Estaba bien! “Los recuerdos son para siempre”, dice el patrón de la Gadir, sabiendo que son muchas las veces en que se ha jugado la vida. Sin embargo eso se ve a toro pasado, cuando en casa haces balance del día. “No somos conscientes  de que nos ponemos en peligro. Pero tenemos un dios que nos protege”, dice.

 

Y no exagera cuando dice que hay situaciones conflictivas, en las que reciben amenazas muy serias. “Nos han llegado a decir que si nos acercábamos nos cortaban el cuello”. Pero el patrón le quita importancia.

Caballero conoce Salvamento Marítimo como la palma de su mano. Muchas han sido sus ‘casas’ desde 2010 que entró en Cádiz en la Salvamar Suhail. Dubhe, Atria, Al Nair, Mizar, guardamar Concepción Arenal y ahora Salvamar Gadir, desde donde rememora sus vivencias. “Se vive o no se vive”, asevera. Él, no hay duda, lo vive.

Próxima semana: Nacido el 4 de julio… pero de 1997. Como la película de Tom Cruise, pero protagonizada en este caso por el piloto del Helimer 206 de Tenerife Nicanor Marín, Porque este comandante volvió a nacer ese día. Aún era militar. El helicóptero que pilotaba cayó en la niebla durante un ejercicio y… Desde hace 9 años forma parte de esta familia de Salvamento Marítimo y, casualmente, quien le entrevistó fue la misma persona que le rescató aquel 4 de julio. El círculo se cierra. Marín, Nikky, gorrión como le llaman muchos, tiene mucho que contar. Ésta es su historia. Tiene mucho que contar, pero la próxima semana…

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