Revista Informar
EL CONTROLADOR QUE AMA LAS MATEMÁTICAS
Las Caras Del Mar
25 DE JUNIO DE 2026
Fernando Romera, controlador en el CCS Almería, se jubila después de 32 años en esta Casa. Es historia vida de Salvamento Marítimo
Maite Cabrerizo /Paula García (fotografía)
“Integrales, series infinitas, no había visto nada igual. ¿Como resolvió ese teorema?”, preguntan los catedráticos al joven. “¡Vino a mí!”
En esta escena de la película ‘El hombre que conocía el infinito’, un joven genio autodidacta de 25 años (Dev Patel) tiene una pasión: las matemáticas. En esta cara del mar, el protagonista tiene 40 años más, pero comparte la misma pasión por esta ciencia exacta. Porque Fernando Romera, controlador marítimo en el CCS Almería, es de esa rara avis que en su tiempo libre se encierra en su despacho a resolver integrales o lo que haga falta. Un despacho zen, tranquilo, minimalista donde se relaja entre problemas de álgebra y derivadas... o lo que haga falta. Quizá es lo que ha hecho de él un controlador marítimo genuino y único. “Una de esas voces que despiertan al mar de Alborán de su letargo, haciendo que hasta las olas presten atención”, dicen sus compañeros en el centro de coordinación desde donde lleva mirando al Mediterráneo 32 años.
Fernando le respetan los controladores, los navegantes y como dicen sus colegas, le respetan hasta las olas. Cuando Fernando Romera habla, los demás escuchan, porque saben que sus enseñanzas son magistrales. Todo siempre desde la modestia que le caracteriza. Ahora se va. Una jubilación merecida en la que habrá tiempo para seguir haciendo cálculos que le lleven al infinito o a donde haga falta. “Hasta la torre”, dice. Y no bromea. “Vivo muy cerca y seguro que pasaré a saludar a mis compañeros”.
“Fernando es una de esas voces que despiertan al mar de Alborán de su letargo, haciendo que hasta las olas presten atención”, dicen sus compañeros
Nacido en una casa forestal
Lo primero que uno piensa cuando habla con Fernando es que es distinto. Distinto desde que naciera en Ulea (Murcia), en una casa forestal. Su padre, Fulgencio, era guarda forestal, de pueblo en pueblo vigilando los montes, protegiendo la fauna, los ecosistemas, controlando los incendios. Y eso caló en su hijo. “Estoy muy orgulloso”, subraya emocionado por los recuerdos que no se borran. “Yo iba con mi padre al monte. Todavía tengo grabada la imagen de su espalda con esa camisa verde. El olor a pino, a romero y a monte”. Sin embargo, aunque Fulgencio quería que hiciera una ingeniería de Montes, ganó su amor por el mar.
En Cartagena conoció a navegantes y optó por estudiar capitán de la Marina Mercante, por lo que suponía una vida de aventura que le permitiría conocer mundo, gente, navegar océanos, viajar. Y razón no le faltaba si se añade disciplina, trabajo y estar lejos de casa. No se equivocó. A Fernando, por esa habilidad de disfrutar de la vida, también de los silencios, le gustaba estar arriba, en el puente, en esas guardias nocturnas en las que se sentía poderoso, manejando el barco, “yendo por la derrota que te había marcado el capitán y comprobando que ibas siempre por ahí. Era llevar a la realidad lo que había imaginado de niño”.

No le defraudó, aunque aquella época no fue buena para la Marina Mercante. Se vendieron muchos barcos y no era fácil encontrar embarque. “Pero al final tuve suerte y la última época la hice en Repsol”. Sus primeros trabajos fueron en transatlánticos. Navegaba de Europa a Estados Unidos. La aventura le llevó al Golfo Pérsico en plena guerra entre Irak e Irán. Tenía 23 años, era joven y la palabra miedo no existía en su vocabulario. “El conflicto empezaba cuando pasabas el Estrecho de Ormuz. Era cruzarlo y ya estabas en riesgo, pero había unas primas de seguro altas y pagaban bastante más”. No le daba miedo. Era muy joven y audaz. “La juventud es muy atrevida y no lo pensabas”.
Fernando disfrutaba y disfruta recordando aquellos viajes que le llevaron por el mundo con el que había soñado, pese a estar largas temporadas fuera de casa o vivir algún temporal de los que no se olvida. “Si el mar fuera siempre plano y en calma, habría muchos marinos “.

“Si el mar fuera siempre plano y en calma, habría muchos marinos“, bromea Fernando
Del mar a tierra
Y de repente, a su pesar, se acabó. La empresa para la que trabajaba se quedó sin flota y sólo vio dos opciones: o trabajar en tierra o buscar otra compañía para seguir navegando. En ese espacio de tiempo, mientras lo decidía, ese amor por las ciencias le llevó a estudiar Químicas en Murcia hasta que salieron las oposiciones para las capitanías marítimas. Pero la crisis y la mala suerte hizo que se suspendieran. “Me derrumbé un poco y ya no sabía qué hacer. Pero como se suele decir, cuando se cierra una puerta, se abre otra”.
Era 1992, el año que nacía Salvamento Marítimo y hacían falta profesionales. “Yo estaba muy preparado porque lo que había estudiado para las oposiciones estaba muy relacionado”. Tras pasar una serie de pruebas, entró. También sumó puntos el hecho de que hubiera colaborado con Coast Guard de Reino Unido. Pero la llamada no llegaba hasta que un día sonó ese teléfono en el que alguien le dijo: “Fernando, ¿dónde te quieres ir, a Almería o a Valencia?”. Optó por Almería, y hasta hoy. Nunca se ha arrepentido de aquella llamada que le cambió la vida.
El día 1 de junio de 1994 se presentó en la Capitanía, un edificio viejo donde no había absolutamente nada. “Nos pusieron en una habitación sin teléfono, sin barcos. Nadie nos conocía, pero poco a poco fuimos haciéndonos nuestro sitio”. Este 1 de junio ha cumplido 32 años en la Casa, en ese Almería al que él vio crecer.

Porque poco a poco fue cambiando: empezaron a emitir los partes meteorológicos para que se les fuera conociendo y estrechando la relación con la Guardia Civil del mar, “que eran los únicos que tenían embarcaciones”.
Recordar cómo se trabaja antes es hacer un esfuerzo gigante porque parece increíble que, en estos años, haya un antes y un después. “Cuando se nos notificaba una emergencia, nos poníamos en contacto con la Guardia Civil para saber si tenían alguna embarcación disponible. También contábamos con las patrulleras de la Armada y Vigilancia Aduanera. Nosotros coordinábamos el operativo, hasta que fueron llegando los medios, la primera salvamar, luego un remolcador y, a los 6 años, un centro de coordinación con equipos de comunicación. Entonces ya éramos conocidos”, dice orgulloso Romera. También llegó el primer helicóptero. "Estos años han sido claves para una sociedad que hoy es un referente internacional".
En su memoria quedan recuerdos: los buenos, pero también esos tristes con el final que nadie quisiera. Vivió en primera fila la llegada de pateras. “Eran búsquedas diarias por mar y aire. En aquel momento, en las guardias sólo éramos 2 controladores. La espera era muy dura. Te ibas a casa sin haberles encontrado después de horas de trabajo, sin saber qué iba a ser de ellos. Cuando acaba bien, era una gran alegría”.

Son recuerdos de estos 32 años que le han dado mucho. Y no los cambiaría. “Yo soñaba con este trabajo. Cuando estaba navegando por el norte de Europa y tenía que hablar y reportar nuestra posición, soñaba con estar algún día al otro lado. Al final lo conseguí. Creo que, a nivel internacional, España es uno de los países que más medios tiene y el que más ha invertido en el salvamento en la mar. Ningún país, ni siquiera Estados Unidos o Inglaterra, tiene en sus costas tantos medios como nosotros”.
Su paso por Almería ha dejado huella en tierra, pero también en mar. Cuando estaba de jefe de turno se embarcaba en las unidades, navegaba con ellos para conocer de cerca a sus tripulaciones, incluidos helicópteros y aviones, pese a su miedo a volar. No le cuesta reconocerlo, como tampoco le cuesta decir que ahora le toca dedicarse a él. Sus compañeros no le creen, pero “no voy a tener ningún problema. Me voy a dedicar a mí a mi salud, a hacer deporte, viajar, leer y a mi familia.”. Y a las matemáticas, repite. Como ocurre con el protagonista de la película, Fernando representa una forma más intuitiva, casi artística de entenderlas. Porque pese al rechazo que genera en algunos esta disciplina, a él le han permitido procesar toda la información que recibe y actuar con sentido crítico. Las cualidades de un buen controlador marítimo, su profesión. El jefe del CCS Almería, Manuel Barroso, lo sabe. “Agradecerle siempre tantas enseñanzas, paciencia y buenos momentos. Un compañero de la vieja escuela que se nos va”.
“Buena proa en esta nueva singladura, y que los vientos nos hagan volver a vernos en algún punto del horizonte” le dicen sus compañeros, sabiendo que Fernando, de alguna marea, siempre tendrá un hueco en esta torre.


