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Un paseo por Salvamento Marítimo en Almería

12 enero de 2017

Carmen Lorente y Maite Cabrerizo

Bienvenidos a Almería. Punto estratégico de Salvamento Marítimo. De ella se habla mucho, de sus horas de luz, de sus playas vírgenes, de sus tapitas en las Cuatro Calles y de su gente. Pero en inforMAR queremos hablar de nuestra gente, de nuestro personal que trabaja en el CCS; de nuestra flota (buque SAR Mastelero, Guardamar Polimnia y Salvamar Denébola) y de sus tripulaciones; hoy queremos hablar del Helimer que sobrevuela las aguas de Almería hasta el infinito… ¡y más allá! Hablar con imágenes, con datos, con declaraciones. Hablar con todos y de todo. Hablar.

Nuestra primera parada es el CCS de Almería. La torre de control inaugurada en 1997 mira al mar desafiante. Una planta 12 desde la que los controladores vigilan para que todo esté en orden. 24 horas al día los 365 días al año para que nada pase en un Mediterráneo en el que pasa mucho. Y es que en el centro se suma llamada tras llamada. Sólo el año pasado se coordinaron desde este centro 388 actuaciones en las que se vieron involucradas 4.347 personas.

“No hay dos emergencias iguales”, dice Diego Menéndez, uno de sus 16 controladores. Hoy comparte turno con Álvaro del Río.  Junto a ellos, la administrativa María Ángeles López Ortega y el jefe de mantenimiento Paco Miras observan las pantallas desde las que se controla esta parte del Mediterráneo. El año 2016 ha sido difícil, ya que se han socorrido 161 pateras y rescatado a 3.898 personas.

Miguel Zea es el Jefe del Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo en Almería. Por sus manos han pasado cientos de emergencias, todas ellas con un denominador común: la localización de la embarcación en el menor tiempo posible. Su flota aeromarítima  y un equipo coordinado y proactivo convierten los Servicios de Búsqueda y Salvamento Marítimo españoles en uno de los mejores de Europa.

Además, la crisis de la inmigración por mar ha permitido también desarrollar protocolos de acción conjunta entre Salvamento Marítimo y otras instituciones, en especial con el servicio Marítimo de la Guardia Civil y con Operaciones específicas de FRONTEX (Agencia Europea para la Gestión de la Cooperación Operativa en las Fronteras Exteriores de los Estados miembros de la Unión).

Y es que en el centro se suma llamada tras llamada. El último aviso es el de un buque sin gobierno. Desde la torre el controlador toma nota, se busca información, se localiza y se decide qué medios se envían en su ayuda.

 

Su labor es de suma importancia porque no todos los operativos tienen la misma efectividad. El avión (nuestro Sasemar) busca donde el barco no ve. Inmediatez que se traduce en vidas, más en una zona como la del Estrecho donde el paso de inmigrantes irregulares es continuo. Los puntitos verdes en una pantalla son los ocupantes de una patera. Su experiencia y pericia les permite saber si se trata de una embarcación irregular, un pesquero o sólo un velero. Inmediatamente transmiten las coordenadas a la torre, desde donde se centraliza el rescate. Hablamos de los medios. Los ojos del mar ven, pero el helicóptero rescata donde el avión no tiene posibilidad de acceder y espera hasta la llegada del barco (Salvamar o Guardamar) que  recoge a los náufragos. Decenas de ellos cuando hablamos de pateras. Y de eso saben mucho la Guardamar Polimnia y la Salvamar Denébola. El objetivo es estar desde cualquiera de los puertos coordinados en menos de una hora y media.

 

Siempre a punto, como la Salvamar Denébola. Nos acercamos a conocer esta lancha con 4 tripulantes. Patrón, maquinista y dos marineros. Trabajan en turnos de 15 días en unas aguas revueltas y no sin falta de incidencias. Ellos también lo piensan. No hay dos días iguales. La tripulación de turno nos recibe a bordo. Su patrón, José Antonio Morata, Vicente (mecánico), Oriol Estrada y José Miguel Fernández comparten algo más que trabajo. Comparten vocación. Y eso se nota. En cada salida, en cada rescate, en cada emergencia. La mar de Almería es su aliada. Pero no su amiga. Porque nunca saben qué les depara. Sólo el año pasado intervinieron en 223 operaciones, lo que se tradujo en 474 personas rescatadas y 5.386 millas náuticas navegadas.

 

Son muchos sus trabajos, pero quizás sea el rescate de pateras lo que les ha puesto en el punto de mira. A ellos y a la Guardamar Polimnia, atracada en el Muelle de Levante, junto a la Torre de Salvamento. Eso si hay suerte. Porque lo normal, lo habitual, es que pase algo. Juntas Denébola y Polimnia forman una pareja imbatible. Ellos y el helicóptero de Almería que saluda desde el aire.

El capitán de la Guardamar Polimnia, Miguel Parcha, nos explica en este vídeo el patrón que se sigue en la búsqueda de pateras. Sólo el año pasado esta embarcación dio respuesta a 161 emergencias y se rescató a 2.373 personas.

 

 

Guardamar Polimnia 

Subimos a la casa de Miguel Parcha, capitán de una tripulación a la sazón convertida en familia. A diferencia de las salvamares, en las guardamares y buques los turnos son de un mes. La mitad del año en tierra y la otra mitad embarcados con esta segunda familia. Porque lo es, porque así lo sienten, porque son muchas horas juntos, lejos de los suyos, con los que compartir lo bueno y lo malo; los momentos alegres y esos difíciles que se pasan mejor abrigados. Y de ello, de esa armonía, tiene mucha culpa Miguel Parcha. Es el capitán de una tripulación que llena titulares en prensa. En el turno de relevo, la Polimnia está al mando del capitán Nicolás Uribarren.

 

 

Hoy en la Guardamar hay movimiento, pero de otro tipo. Está previsto un ejercicio de rescate de persona herida en el barco con el Helimer de Almería. Se ha invitado a la prensa para dar a conocer su trabajo en primera persona.

Ver Ejercicio

En la tripulación todo y todos están preparados. Enrique Vázquez, Juan José López, Luis Junquera,  Álvaro Antón, Jorge Gallego, Aitor Sánchez y, por supuesto, y que no falte, Salvador Curras, Salva, el cocinero y en cierta manera, el que vela porque el mes en el mar se sientan en casa. Y por sus sonrisas y risas no hay duda de que están bien alimentados, en cuerpo y alma, que también cuenta.

La Polimnia cuenta con un marinero muy especial, una perra pastor alemán llamada Sacha, que se ha convertido en el mejor juguete para los niños que vienen en patera. “Vienen con miedo, con mucho frío. No saben dónde están ni qué va a pasar. Y el trayecto de vuelta es muy largo. Pero cuando ven a Sacha se tranquilizan”, explica el capitán Parcha. Ella saca de nuevo su sonrisa, como lo hacen los marineros, como lo hace Óscar, al que todos llaman “mucho amor”.

Paso al SAR Mastelero

En ese momento llega al puerto el buque SAR Mastelero. Regresan a casa tras realizar unos ejercicios porque, como reconoce su capitán Francisco Javier Pérez Machín, “no podemos bajar la guardia”. La imagen de los dos barcos llena el puerto de color naranja. La gente de Almería los conoce y los quiere cerca. “¿Salvamento Marítimo?”, dice una persona que pasea por la zona. “Son nuestros héroes. Si no existirán habría que inventarlos”, apunta con admiración.

Pero por suerte ya están inventados, aunque eso no quita que sigamos mejorando y aprendiendo y entrenando. El SAR Mastelero impone. En 2016 ha realizado 77 actuaciones, lo que ha supuesto 2.178 millas náuticas navegadas.

Este buque es uno de los 10 remolcadores con los que cuenta Salvamento Marítimo. Se trata de unidades que, por sus prestaciones, aseguran la posibilidad de dar remolque a grandes buques y tienen capacidad operativa para intervenir en grandes siniestros (incendios, contaminación, salvamento…). Estas unidades están desplegadas estratégicamente a lo largo de la costa, permanentemente alistadas para actuar en la mar, navegando o en espera de prestar servicio.

Y si en la Polimnia era Salvador el salvador de estómagos, en el SAR Mastelero toca el turno a un gran cocinero y, como dicen en el barco, mejor persona, Francisco Javier de las Cuevas. El olor de su cocina inunda el puerto e invita a subir y a sentarse ante un cocinero 5 estrellas. De las Cuevas sonríe con modestia. Es su trabajo y su vida, como la del resto de compañeros que faenan en el buque para tenerlo todo a punto.

El mes se pasa rápido, dicen. Un mes pegados al teléfono y a diez minutos del barco para salir en las emergencias. Se les conoce porque son de los que pagan el café antes de ser servido, “por si hay que salir corriendo”, dicen.

Desde el aire

También pegados al teléfono están  en la base el Helimer. Nos vamos al aeropuerto donde nos espera la tripulación al mando del comandante Paco Guerrero. Emilio Cabeza (piloto), Fernando Barrera y Pepe Guerrero (rescatadores), Juanjo Díez (operador de grúa) y Santos Romero (mecánico) regresan del ejercicio con la Guardamar Polimnia. Es su abc para estar preparados en caso de emergencia.

Trabajan en turnos de 12 horas. Los helicópteros o “Helimer” -9 medianos y 2 de gran porte- están específicamente configurados para llevar a cabo tareas de búsqueda y salvamento marítimo. Los ejercicios se hacen también en condiciones adversas porque los peligros llegan cuando menos se lo esperan.
Son  las unidades idóneas  cuando se precisa una actuación inmediata debido a la gravedad de situaciones en las que hay vidas en riesgo. En 2016 el Helimer de la base de Almería voló durante más de 580 horas y participó en 253 intervenciones.

Las pateras constituyen en esta zona una de sus tareas más importantes. Y ellos lo saben. Se han convertido en los guías de los barcos. La tensión se palpa en el ambiente porque ahí abajo hay mucha gente que depende de ellos. Sólo respiran tranquilos cuando el barco llega a la zona y los recoge uno a uno. Aun así, no dejan de mirar al mar. Pequeños puntos que se traducen en vidas.  “Cuando al día siguiente vemos la televisión y ponemos cara a esos bultos se nos encoge el corazón”, dicen con la satisfacción de misión cumplida.

El día se pone en Almería. Mañana dan buen tiempo y eso sólo se traduce en llegada de pateras. En la torre de control toca cambio de guardia. En la Denébola la tripulación se retira a sus casas con el teléfono en mano. En el SAR Mastelero y al Guardamar Polimnia todo está preparado para la cena. Toca recogerse. Toca reflexionar sobre el día y si hay tiempo, que lo habrá, hablar con sus familiares. Sabrán si el niño aprobó todas las notas, oirán las risas del bebé que dejaron en tierra, comentarán cómo va la familia y se despedirán con “nos vemos pronto”. “Porque un mes pasa muy rápido”, reconoce Miguel Parcha. Hace un rato que Almería ya duerme.

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